sábado, 26 de noviembre de 2011

¡Salve usted a mi hijo, Monsier Pasteur!

Es una historia de como la inyección de la rabia fue aplicada a los humanos, y, gracias a ese gesto, miles de personas se han librado de una enfermedad común en los mamíferos, la rabia.
El 6 de julio de 1885, una mujer llegó llorando con su hijo de nueve años al laboratorio donde investigaba Louis Pasteur.El chico se llamaba Joshep Meister y dos días antes había sido mordido por un perro rabioso en 14 sitios diferentes.De puro dolor casi no podía andar y su muerte en breve plazo estaba practicamente asegurada.
-¡Salve usted a mi hijo, señor Pasteur!-rogaba insistentemente aquella madre.
Pasteur había probado un remedio para animales, pero jamás en personas.¿Debía inyectar aquel remedio al muchacho o no?Gran dilema.
Finalmente,aquella tarde se administró a un ser humano la primera vacuna contra la rabia.El muchacho jamás presentó el menor síntoma de la espantosa enfermedad.

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