sábado, 20 de septiembre de 2014

El dulce olor del otoño

Eran las ocho de la mañana de un sábado. No podía dormir. Bajó de la cama, descalza. Y llegó hasta la ventana. La abrió y se asomó. Una ráfaga de viento la golpeó suavemente, helándola los huesos. Se estremeció y se la pusieron los pelos de punta. 
Miró al cielo. Estaba cubierto con una densa capa de nubes que asemejaba un muro infranqueable. 
Bajo ella, la calle se tornaba gris. Inspiró el dulce aroma del otoño, una mezcla de humedad y frío, y, mirando como las primeras hojas de los árboles caían, extrañamente, sonrió.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Ya.

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